Moscú, 11 de julio de 2018. Mario Mandžukić cabecea en la prórroga y Croacia elimina a Inglaterra en las semifinales del Mundial de Rusia. Ese gol, ese partido, esa noche — todo eso regresa cuando se mira la composición del Grupo L. El sorteo los volvió a juntar, y esta vez la revancha llega desde la primera fase.

Pero el Grupo L no es solo una reedición de aquel semifinal. Ghana trae una tradición mundialista africana que ha producido momentos icónicos, y Panamá vive apenas su segunda participación en la historia de la Copa del Mundo. Cuatro selecciones, cuatro historias, cero partidos de trámite.

Inglaterra: la eterna promesa busca cumplir

El fútbol inglés lleva años construyendo una narrativa de progresión: semifinalista en Rusia 2018, finalista de la Eurocopa 2020, cuartofinalista en Qatar 2022, finalista de la Eurocopa 2024. Cada torneo un paso más cerca. Cada torneo un nuevo capítulo de la misma historia: Inglaterra compite, Inglaterra llega lejos, Inglaterra no gana.

Bajo el proyecto táctico heredado que ha dado continuidad a la selección, Inglaterra tiene una de las plantillas más profundas del torneo. La Premier League produce jugadores a un ritmo industrial, y la selección puede alinear un once titular que competiría con cualquier equipo del mundo y un banquillo que reforzaría a la mayoría de las selecciones favoritas.

El problema de Inglaterra nunca ha sido el talento. Ha sido la capacidad de dar el paso definitivo cuando la presión es máxima. Los penaltis contra Italia en Wembley (Euro 2020), la derrota ante Francia en cuartos (Qatar 2022), la final perdida contra España (Euro 2024) — el patrón es consistente y doloroso. Este grupo debería ser manejable. Lo que viene después es donde Inglaterra se examina.

Croacia: el país pequeño que juega como grande

Croacia es el caso más extraordinario de rendimiento sostenido en la historia reciente de las selecciones pequeñas. Con apenas cuatro millones de habitantes, ha sido finalista en 2018 y tercera en 2022 — dos resultados consecutivos que ningún país de su tamaño ha logrado jamás.

La pregunta para 2026 es generacional. La era de Luka Modrić, que ha definido una década del fútbol croata, está en su fase final. A sus 40 años, el Balón de Oro de 2018 podría estar disputando su último gran torneo. La transición hacia una nueva generación de mediocampistas — con Lovro Majer y Luka Sučić como principales candidatos a heredar la batuta — está en marcha, pero no completada.

Croacia en un Mundial nunca es un rival cómodo. Su capacidad de elevar el nivel en los momentos decisivos, su mentalidad competitiva y una cultura táctica forjada en dos décadas de presencia constante en grandes torneos la convierten en un adversario que nadie quiere enfrentar en la primera fase.

El reencuentro con Inglaterra añade una capa extra de motivación. Aquella noche en Moscú sigue siendo el momento más grande del deporte croata, y la selección querrá demostrar que no fue un accidente.

Ghana: la tradición africana que merece respeto

Ghana ha sido una de las selecciones africanas más consistentes en la historia de los Mundiales. Los cuartos de final de Sudáfrica 2010 — con aquel penalti de Asamoah Gyan contra Uruguay, la mano de Suárez, el llanto de un continente entero — siguen siendo uno de los momentos más dramáticos que el fútbol ha producido.

La selección ghanesa llega a 2026 con una generación que busca escribir su propio capítulo. El talento no falta: las academias ghanesas siguen exportando jugadores a Europa con regularidad, y la mezcla de jugadores formados localmente con los criados en la diáspora europea da a Ghana una profundidad que muchas selecciones africanas envidian.

En el Grupo L, Ghana puede ser el equipo que desordene todas las predicciones. Si logra competir de igual a igual con Inglaterra o Croacia en las dos primeras jornadas, la última fecha podría convertirse en una pelea a tres bandas donde el ranking FIFA importa menos que la actitud.

Panamá: la segunda vez es diferente

Cuando Panamá clasificó a su primer Mundial en 2018, el país entero se detuvo. Hubo lágrimas en las calles, feriado nacional, un sentimiento colectivo de haber logrado algo que parecía imposible. Después vino Rusia, con tres derrotas en tres partidos y la dura realidad de la diferencia de nivel.

La segunda participación mundialista llega con una perspectiva diferente. Ya no hay novedad, ya no hay sorpresa. Lo que hay es experiencia — la de saber qué se siente jugar en el escenario más grande — y la ambición de que esta vez el resultado sea diferente.

Panamá no tendrá la plantilla para dominar a Inglaterra o Croacia, pero el fútbol de CONCACAF produce equipos que saben competir, que defienden con agresividad y que pueden hacer daño en balón parado. En un grupo donde un punto puede ser la diferencia entre la eliminación y la clasificación como tercer mejor tercero, esa capacidad de pelear cada balón importa.

Qué esperar del Grupo L

Inglaterra contra Croacia es el plato fuerte y el partido que, probablemente, determinará el primer puesto. Es un enfrentamiento entre dos selecciones que se conocen, que se respetan y que tienen cuentas pendientes. La historia reciente favorece a Croacia en el cara a cara mundialista, pero el talento individual inglés es un argumento difícil de ignorar.

Ghana es la incógnita con mayor potencial de impacto. Si la selección ghanesa llega en su mejor versión, este grupo puede terminar con tres equipos en pelea por dos plazas en la última jornada — exactamente el tipo de escenario que hace de los Mundiales el mejor espectáculo deportivo del planeta.

Panamá cerrará el grupo con la misión de competir cada minuto y, si la oportunidad se presenta, dar la sorpresa que no pudo dar en Rusia. En un torneo de 48 equipos, los márgenes se estrechan. Y cuando los márgenes se estrechan, las cenicientas tienen más espacio para soñar.


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