Hubo un momento, entre 2018 y 2022, en el que Bélgica era considerada la mejor selección del mundo sin un título que lo respaldara. Tercero en Rusia 2018, número uno del ranking FIFA durante meses, una generación de jugadores que parecía capaz de ganar cualquier torneo. Y sin embargo, nada. La decepción de Qatar 2022 — eliminación en la fase de grupos con una derrota ante Marruecos y un empate sin goles contra Croacia — fue el punto de inflexión.

El Grupo G del Mundial 2026 plantea una pregunta directa: ¿queda algo de aquella Bélgica, o estamos ante los últimos minutos de un reloj que lleva años avanzando?

Bélgica: el tiempo corre

De Bruyne, Courtois, Lukaku — los nombres que definieron una era del fútbol belga siguen en activo, pero el desgaste acumulado de más de una década al más alto nivel es evidente. La selección ha intentado incorporar caras nuevas, y las hay, pero la transición generacional en pleno torneo es uno de los ejercicios más difíciles del fútbol internacional.

Lo que Bélgica no ha perdido es la calidad individual en posiciones clave. Sigue teniendo un portero de élite, mediocampistas creativos y delanteros que conocen la red. Lo que sí ha perdido es la sensación de invulnerabilidad. Tras la debacle de Qatar, el equipo sabe que no basta con el talento; hace falta hambre, y esa es más difícil de fabricar cuando ya has tenido múltiples oportunidades y las has dejado escapar.

El Grupo G debería ser manejable para los belgas. Pero lo mismo se dijo antes de Qatar.

Irán: el veterano asiático que nadie quiere enfrentar

Irán es la selección más experimentada de Asia occidental en Mundiales, con seis participaciones que reflejan una consistencia notable en las eliminatorias del continente. El fútbol iraní tiene características que lo hacen incómodo para cualquier rival: disciplina táctica, agresividad física en las disputas y una mentalidad defensiva sólida que obliga al contrario a encontrar soluciones creativas.

En Qatar 2022, Irán estuvo a segundos de eliminar a Estados Unidos en la fase de grupos antes de que un gol tardío estadounidense los dejara fuera. Ese margen mínimo ilustra perfectamente lo que es jugar contra esta selección: nunca es fácil, nunca es cómodo, y el resultado siempre se decide por detalles.

Contra Bélgica, Irán no intentará jugar de igual a igual. No necesita hacerlo. Su juego se construye desde la solidez defensiva, esperando el error rival para castigar en transiciones rápidas.

Nueva Zelanda: los All Whites en territorio inexplorado

Cada vez que Nueva Zelanda clasifica a un Mundial, es noticia. Representante única de la Confederación de Oceanía, con un fútbol amateur que compite por recursos contra el rugby y el cricket, la simple presencia de los All Whites en este torneo es un logro en sí mismo.

Su referencia histórica más cercana es Sudáfrica 2010, donde lograron tres empates en la fase de grupos — incluyendo un memorable 1-1 contra Italia, la entonces campeona defensora. Aunque quedaron eliminados, no perdieron un solo partido en ese Mundial.

Nueva Zelanda no tiene la plantilla para competir de igual a igual con Bélgica o Irán durante noventa minutos completos. Lo que sí tiene es una estructura defensiva trabajada, la resiliencia que otorga saber que cada minuto en un Mundial es un privilegio, y la capacidad de convertir un partido aparentemente perdido en un empate heroico.

Egipto: Salah lleva una nación sobre los hombros

Egipto vuelve a un Mundial tras la experiencia de Rusia 2018, un torneo que dejó un sabor amargo: tres derrotas en tres partidos, con Mohamed Salah jugando mermado por una lesión de hombro sufrida en la final de la Champions League semanas antes.

Esta vez, Salah llega en condiciones muy diferentes. Como uno de los mejores jugadores del mundo en actividad, su capacidad para desequilibrar partidos por sí solo convierte a Egipto en una amenaza real para cualquier rival del grupo. El problema de Egipto no es la calidad de su estrella, sino la distancia entre Salah y el nivel medio del resto de la plantilla.

Si el equipo logra construir una estructura defensiva que proteja sus puntos débiles y le permita a Salah operar en espacios abiertos, Egipto puede ser competitivo. Si depende exclusivamente de momentos de brillantez individual, el margen de error será demasiado estrecho.

Qué esperar del Grupo G

Bélgica parte como favorita, pero ya no inspira el temor de años anteriores. El segundo puesto se presenta como una pelea abierta entre Irán y Egipto, con perfiles muy diferentes: la solidez defensiva iraní contra el talento ofensivo egipcio concentrado en Salah.

Nueva Zelanda será el rival que todos esperan superar con comodidad, y esa expectativa puede ser tanto un regalo como una trampa. Los All Whites no llegan para participar — llegan para resistir. Y en un grupo donde un empate puede alterar toda la clasificación, su capacidad de sumar puntos no debe ignorarse.

Si Bélgica tropieza en la primera jornada, este grupo pasará de apacible a volcánico en noventa minutos.


Más sobre el Mundial 2026: