En un torneo de 48 selecciones, con grupos de cuatro y margen para que los mejores terceros avancen, la densidad competitiva se diluye en algunos sectores. El Grupo F no es uno de esos. Aquí hay dos selecciones con aspiraciones reales de llegar lejos en el torneo — Países Bajos y Japón — y dos rivales que no vienen a participar sino a competir.
Este es un grupo donde perder un partido puede significar la eliminación. Donde el gol diferencia importará. Donde cada decisión táctica tendrá consecuencias.
Países Bajos: el pragmatismo como nueva identidad
La Oranje ha recorrido un camino interesante en los últimos ciclos. Después de no clasificarse para la Eurocopa 2016 ni el Mundial 2018, la selección neerlandesa ha vuelto a ser una presencia constante en las últimas fases de los grandes torneos: semifinalista en la Nations League 2019, cuartofinalista en Qatar 2022, semifinalista en la Eurocopa 2024.
El fútbol total de Cruyff quedó atrás hace décadas como sistema, pero su legado filosófico — posesión con propósito, jugadores versátiles, superioridad posicional — sigue latente en la identidad neerlandesa. Lo que ha cambiado es el pragmatismo: esta Holanda sabe defender, sabe sufrir y sabe ganar partidos sin dominar.
En un grupo donde Japón puede dominar la posesión con la misma eficacia, la solidez defensiva neerlandesa y su experiencia en fases finales serán ventajas clave.
Japón: Asia ya no sorprende, exige
Si alguien todavía habla de Japón como una sorpresa, no ha prestado atención al fútbol asiático de la última década. La selección nipona venció a Alemania y España en la fase de grupos de Qatar 2022 — no fueron accidentes, fueron el resultado de un plan táctico ejecutado con precisión quirúrgica.
El fútbol japonés ha dejado de sorprender para empezar a exigir. La generación actual tiene jugadores en el Real Madrid, Liverpool, Brighton y los principales clubes de la Bundesliga. La profundidad de plantilla es notable: pueden rotar sin perder calidad, algo que pocas selecciones asiáticas han conseguido.
Su talón de Aquiles sigue siendo la fase eliminatoria. En las últimas cuatro ediciones, Japón ha caído en octavos de final o, en el caso de Qatar, en la tanda de penaltis contra Croacia. El grupo no debería ser un problema; la pregunta es qué versión de Japón aparece cuando ya no hay margen.
Suecia: el regreso nórdico
Suecia vuelve a un Mundial tras no haber podido clasificarse para Qatar 2022, un golpe duro para una selección que había alcanzado los cuartos de final en Rusia 2018 con un equipo que compensaba la falta de estrellas individuales con una organización colectiva implacable.
La tradición sueca en Mundiales es más rica de lo que su perfil mediático actual sugiere: semifinalista en 1994, cuartofinalista en 2018, y una capacidad histórica de sacar el máximo rendimiento de plantillas que, sobre el papel, no deberían llegar tan lejos.
Lo que Suecia trae a este grupo es exactamente lo que más incómoda a rivales técnicamente superiores: orden defensivo, contragolpe medido y una mentalidad de no regalar nada. Países Bajos y Japón preferirían enfrentar a un rival que les dispute la pelota, no a uno que se la ceda con trampa.
Túnez: la representación africana más consistente
Túnez ha estado en seis Mundiales, una cifra que le sitúa entre las selecciones africanas con más experiencia en la competición. La selección tunecina tiene una identidad defensiva clara, con jugadores que conocen el fútbol europeo — muchos en Ligue 1 y ligas del Golfo — y una capacidad de competir en partidos grandes sin complejos.
En Qatar 2022, Túnez empató con Dinamarca y venció a Francia (con equipo alternativo, pero la victoria cuenta) antes de caer ante Australia en el partido decisivo. Esa mezcla de resultados resume bien al equipo: capaz de lo mejor y lo peor en cuestión de días.
Si logran puntuar contra Japón o Suecia en las dos primeras jornadas, el cierre del grupo podría convertirse en una pelea a cuatro bandas donde cualquier resultado es posible.
Qué esperar del Grupo F
Países Bajos y Japón parten como favoritos, pero la distancia con Suecia y Túnez no es un abismo. Es más bien una grieta que un mal resultado puede cerrar.
El enfrentamiento directo entre neerlandeses y japoneses será probablemente el partido más táctico de toda la fase de grupos — dos selecciones que saben controlar ritmos, que no se descomponen fácilmente y que tienen planes B y C.
Para Suecia y Túnez, la estrategia es clara: sumar en las dos primeras jornadas y llegar al cierre con opciones. Si lo logran, este grupo promete una de las resoluciones más ajustadas del torneo.
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