Moscú, 11 de julio de 2018. Mario Mandžukić cabecea en el minuto 109 y Croacia elimina a Inglaterra de las semifinales del Mundial de Rusia. En las gradas del estadio Luzhniki, los aficionados ingleses guardan silencio mientras los croatas corren hacia el córner en una celebración que llevaba décadas construyéndose. Para Croacia, el gol era el culmen de algo. Para Inglaterra, era otro capítulo en la crónica más larga y dolorosa del fútbol europeo.

Ocho años después, el sorteo los volvió a juntar. No en una semifinal — en la primera fase, Grupo L, sin red de seguridad. La revancha llega antes de lo esperado y en el escenario más igualado posible: dos partidos de ida y vuelta convertidos en un solo cruce, donde el margen de error es mínimo y la historia pesa tanto como la táctica.

Inglaterra — Sesenta años de historia que siguen sin cerrarse

Hay algo peculiar en la forma en que el fútbol inglés procesa sus torneos. Cada dos años, una nueva generación de aficionados repite el ciclo: ilusión creciente, cuartos o semis, eliminación, autoanálisis nacional, vuelta a empezar. La diferencia es que este ciclo lleva acumulándose desde 1966, y con cada torneo el peso del número crece un poco más.

La trayectoria reciente habla de un progreso genuino. Semifinalistas en Rusia 2018. Finalistas en la Eurocopa 2020, perdida contra Italia en Wembley por penaltis — en Wembley, ante su propia afición. Cuartofinalistas en Qatar 2022. Finalistas de nuevo en la Eurocopa 2024, eliminados por España. La escalera existe. El último peldaño sigue sin aparecer.

El Grupo L no es el problema real

La plantilla inglesa para el Mundial 2026 es, en términos individuales, una de las más completas de la historia reciente de la selección. Un portero con autoridad, centrales que juegan en los mejores clubes del mundo, un mediocampo con capacidad de construir y presionar en igual medida, y adelante la combinación de velocidad, técnica y gol que ningún entrenador rechazaría.

El Grupo L, con Croacia, Ghana y Panamá, no debería ser donde Inglaterra se complique. El problema de los equipos que siempre rinden por debajo de su talento no es la fase de grupos — es lo que viene después. Este equipo llega a los torneos con la etiqueta de favorito y sale de ellos con la sensación de que el potencial y el resultado nunca terminan de coincidir. Contra Croacia, en el primer examen real del grupo, esa tensión entre lo que este equipo puede ser y lo que finalmente es llegará a su temperatura máxima.

Croacia — El final de una era que todavía no ha terminado

Nadie en 2018 creyó que Croacia podría llegar a la final de un Mundial. Un país de cuatro millones de habitantes, sin la infraestructura de fútbol de las potencias europeas, sostenido casi enteramente por el rendimiento de Luka Modrić y una generación de mediocampistas con talento técnico fuera de escala. Llegaron a la final de Moscú. En Qatar 2022, llegaron al tercer puesto. Dos resultados consecutivos que desafían cualquier modelo de predicción racional.

Para el Mundial 2026, la transición generacional es ya una realidad en marcha, no un debate. Modrić, a los 40 años, podría estar en su último torneo como figura central de una selección. Lovro Majer y Luka Sučić han asumido parte de la carga creativa. La estructura defensiva que Croacia siempre ha construido con solidez sigue intacta. Lo que ha cambiado es la dependencia de un solo genio para encontrar soluciones en los momentos difíciles.

En los torneos recientes, cuando Croacia ha perdido el control del partido —cuando el ritmo del juego ha superado su capacidad de gestión con balón—, el equipo ha sufrido. Contra selecciones con presión alta y transiciones rápidas, las limitaciones físicas de un plantel que ha envejecido en la zona de creación se han notado. Inglaterra, con la intensidad que puede imponer, tiene el perfil para explotar exactamente esa debilidad.

El duelo clave: el centro del campo

Todos los grandes partidos entre estas dos selecciones han pasado por el mediocampo. En Moscú 2018, Modrić y Rakitić controlaron la segunda mitad de la prórroga de una manera que England no pudo replicar. En 2026, la pregunta es si la versión actual de ambos medios tiene la misma dinámica.

Inglaterra tiene la ventaja física. Sus centrocampistas son más jóvenes, más rápidos en la transición y capaces de presionar durante noventa minutos con la intensidad que los clubes de Premier League exigen semana a semana. Si logra imponer ese ritmo desde el inicio, la Croacia actual — sin el Rakitić de hace ocho años para distribuir bajo presión — puede tener dificultades para construir con la fluidez que necesita.

Croacia, a su vez, sabe que no puede ganar este partido corriendo. Si el partido se transforma en un intercambio de golpes físico, England tiene las piernas. La única forma en que Croacia puede imponerse es la que siempre ha conocido: control técnico, paciencia y el momento de un jugador de clase superior que resuelve cuando el marcador está igualado. Modrić sigue siendo ese jugador hasta que deje de serlo.

Predicción: ¿quién sale delante del Grupo L?

La narrativa favorece a una Inglaterra que llega con la urgencia acumulada de ocho años de torneo perdido. La táctica también: el perfil físico del mediocampo inglés es superior al de la Croacia actual, y esa ventaja se nota especialmente en los encuentros de fase de grupos donde el ritmo es más alto que en los de eliminatoria directa.

Pero el fútbol no resuelve deudas históricas. Resuelve partidos. Y Croacia, en su historia reciente, ha resuelto más partidos de los que nadie esperaba que pudiera resolver.

La primera jornada del Grupo L no dará el título a nadie. Pero fijará el tono de lo que sigue — y para Inglaterra, ese tono lleva demasiado tiempo siendo el mismo.


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