Voy a decir algo que en Argentina equivale a una herejía deportiva: Lionel Messi no debería ir al Mundial 2026. Y llevarlo puede ser la decisión que le cueste el bicampeonato a Argentina.
Respira. No estoy diciendo que Messi no sea el mejor jugador de la historia. Lo es. No estoy diciendo que Qatar 2022 no fue mágico. Lo fue. Estoy diciendo que un jugador de 38 años que lleva tres temporadas en la MLS no debería tener un puesto asegurado en la selección que defiende el título mundial. Y si te ofende el planteamiento, probablemente es porque sabes que tengo algo de razón.
Los números no mienten (aunque quieras que lo hagan)
Messi en el Inter Miami ha sido bueno. Ha sido el mejor jugador de la MLS, que es como ser el mejor estudiante de un curso de recuperación. Los números de goles y asistencias impresionan hasta que miras el contexto: defensas que no presionan, mediocampos que no cierran líneas de pase, y un nivel competitivo que está varios escalones por debajo de la Champions League o incluso de las principales ligas europeas.
¿Cuándo fue la última vez que Messi enfrentó a defensas de nivel Champions con regularidad? 2023. Hace tres años. En un Mundial donde tendrá que superar a los centrales de Alemania, al mediocampo de España o a la presión de Francia, la MLS no es preparación suficiente.
El problema táctico: Scaloni tiene que elegir
Cuando Messi está en el campo, todo gira a su alrededor. Es inevitable. Tiene esa gravedad que hace que compañeros y rivales reaccionen a él. Pero a los 38 años, esa gravedad viene con un costo: Messi ya no presiona, ya no recorre 10 km por partido, y necesita que el equipo se adapte a sus limitaciones.
Argentina con Messi es un equipo que defiende con diez y ataca esperando que el genio invente algo. Argentina sin Messi — con Julián Álvarez, Enzo Fernández, Garnacho y la explosión de Echeverri — es un equipo más joven, más intenso, más dinámico. Un equipo que puede presionar alto durante 90 minutos, que puede rotar sin perder nivel, que puede correr en el calor de Texas sin fundirse en el minuto 60.
Scaloni tiene que elegir entre el sentimentalismo y la competitividad. Y todo indica que va a elegir el sentimentalismo.
El precedente: Maradona en 1994
La comparación es incómoda pero inevitable. Maradona fue al Mundial de 1994 en Estados Unidos como leyenda consagrada, con el país entero esperando otra gesta. Argentina jugó bien los primeros dos partidos — Maradona marcó contra Grecia y celebró con aquella imagen icónica frente a la cámara. Luego dio positivo en un control antidopaje y fue expulsado del torneo. Argentina, sin su líder emocional, se desmoronó.
No estoy comparando situaciones, sino el patrón: cuando construyes un equipo alrededor de un jugador que no puede sostener ese peso durante un torneo completo, el riesgo de colapso es enorme. Si Messi se lesiona en el segundo partido, o si simplemente no tiene piernas para un octavo de final intenso, Argentina se queda sin plan B porque nunca ensayó uno.
”Pero es Messi, puede cambiar un partido en un momento”
Cierto. También es cierto que los momentos de genialidad son menos frecuentes a los 38 que a los 34. En Qatar, Messi tuvo actuaciones sobrenaturales — contra México, contra Croacia, en la final. Pero también tuvo momentos donde el equipo cargó con él, donde Di María y Mac Allister hicieron el trabajo sucio para que Leo pudiera brillar. Di María ya no está. Mac Allister tiene tres años más de desgaste.
Messi puede cambiar un partido. Pero ya no puede cambiar un torneo. Y en un Mundial de 48 equipos, con más partidos, más viajes y más exigencia física, necesitas once jugadores que aguanten, no diez más un genio de media hora.
Lo que debería pasar (y no va a pasar)
Messi debería ir al Mundial como embajador, como leyenda, como inspiración desde el banquillo. Debería ser el jugador que entra en el minuto 70 de un cuarto de final trabado, con las piernas frescas y la magia intacta. No el titular inamovible que condiciona el once, las rotaciones y el sistema táctico de toda la selección.
Pero no va a pasar. Argentina va a llevar a Messi como titular, va a construir el equipo a su alrededor, y va a rezar para que el cuerpo de un jugador de 38 años aguante siete partidos en un mes. A veces funciona. La mayoría de las veces, no.
Si quieres entender cómo juega Argentina más allá de Messi, lee el análisis táctico de Scaloni. Y si crees que Colombia puede ser la sorpresa del torneo, tenemos el take. Más en el hub del Mundial 2026.