Francia es el equipo con más talento individual del Mundial 2026. Y ese es exactamente su mayor problema. Porque todo ese talento ha sido subyugado, reducido, comprimido para que funcione alrededor de un solo jugador. Kylian Mbappé. El hombre que se supone que va a llevar a Francia a su tercer título. El hombre que, en mi opinión, va a ser la razón por la que Francia no lo gana.

Lo sé. Es el mejor futbolista del mundo. Tiene 27 años, está en su mejor momento físico, lleva más de dos años en el Real Madrid demostrando que puede liderar un equipo en los momentos más grandes. Todo eso es real. Y aun así, mi posición es firme: un equipo construido para Mbappé es un equipo peor que uno construido para ganar.

Francia ganó el Mundial sin este Mbappé

El año 2018 fue una lección que nadie aprendió. Francia ganó el Mundial en Rusia con Mbappé como el lateral derecho ofensivo que explotaba en transición. No era el centro del sistema — era una pieza más. El trabajo real lo hacían Kanté, Pogba, Griezmann y una defensa impenetrable. Mbappé sumaba cuando podía. No organizaba el juego.

En ese torneo, Francia ganó seis de siete partidos siendo un equipo. El gol de Mandzukic en la propia portería, el penalti de Griezmann, el cabezazo de Varane, el gol olímpico de Pogba. El modelo era colectivo. Mbappé era el plus, no el centro de gravedad.

Desde entonces, algo cambió. La narrativa decidió que Mbappé tenía que ser el gran heredero de Messi y Ronaldo. Y para justificar esa narrativa, el juego de Francia se reorganizó. Los sistemas se adaptan al jugador en vez de adaptar el jugador al sistema. El resultado es un equipo más brillante individualmente y más predecible tácticamente.

El problema de tener un solo sol

Cuando Mbappé está en el campo, todos los demás orbitan alrededor de él. Dembelé libera el carril derecho para que Mbappé ataque por la izquierda. El centrocampista que juega junto a Tchouaméni tiene la instrucción implícita de no progresar cuando Mbappé quiere recibir. El segundo delantero — sea Giroud retirado, Thuram u otro — tiene que ser un sacrificado que trabaja para crear espacios al parisino.

¿El resultado? Rivales que llevan cuatro años preparando un plan para neutralizar exactamente eso. Cierra el carril izquierdo, dobla a Mbappé con dos defensores, deja que el resto de Francia intente solucionar el partido. Marruecos lo hizo en 2022, eliminando a Francia con una defensa organizada y transiciones rápidas. No fue casualidad — fue un manual que ahora todos los técnicos de las selecciones top tienen memorizado.

El historial de lesiones no ayuda

Mbappé lleva dos temporadas en el Real Madrid marcadas por interrupciones físicas. El problema de nariz que lo llevó a jugar con máscara en Qatar 2022. Las molestias musculares que lo frenaron en momentos clave de LaLiga. Una final de Champions a la que llegó por debajo de su nivel.

En un torneo de 30 días con siete partidos, la probabilidad de que Mbappé llegue al 100% durante todo el torneo es baja. Y cuando Mbappé no está al 100%, Francia no tiene un plan B. Tiene once jugadores de enorme talento que no saben exactamente cuál es su papel si el número diez no está dominando.

Compara eso con Alemania, que distribuye la creación entre Wirtz, Musiala y Kimmich. O con España, donde el sistema funciona con o sin cualquier individuo específico — cuando funciona.

Deschamps o quien lo reemplace tiene el mismo dilema

Didier Deschamps demostró que sabe hacer campeones del mundo. Pero también demostró que su mejor Francia fue la que no dependía de nadie. El Deschamps de 2018 no tenía miedo de hacer que Mbappé corriera tras los defensores rivales en transición, sin balón, haciendo trabajo sucio.

Ese Deschamps ya no existe — o existirá menos. La presión social, mediática y del propio jugador hace imposible que el seleccionador francés diga en una rueda de prensa “Mbappé va a jugar de extremo secundario”. No sucede. Y el equipo paga el precio de esa presión extradeportiva.

El contraargumento: “Con Mbappé en forma, nadie les para”

Es el argumento más simple y más honesto que existe. Mbappé en su mejor versión, en un torneo corto, puede ganar partidos él solo. Sucedió en Qatar 2022, donde su hat-trick en la final casi deja a Francia campeona después de ir 3-1 abajo. Ese rendimiento individual es real y no se puede ignorar.

Pero un Mundial no se gana en la final. Se gana en los siete partidos anteriores. Y Francia, construida para Mbappé, tiene un rendimiento más irregular en los partidos donde el escenario no favorece el despliegue individual — partidos cerrados, rivales organizados, condiciones difíciles de calor o altitud.

Mi predicción: Francia llega a semifinales. Son demasiado buenos para no hacerlo. Pero en la semifinal, contra un equipo que los ha estudiado cuatro años y sabe exactamente cómo frenar a Mbappé, el sistema colectivo no alcanza. Cuarto puesto o eliminación en semis. Y entonces alguien recordará que en 2018 ganaron porque Mbappé no era el centro de todo.

Para más contexto, lee por qué Francia es el favorito más sobrevalorado y el análisis de por qué el formato de 48 equipos perjudica a los favoritos. Todo el debate del Mundial 2026.