Llevo semanas leyendo artículos de gente que no siente estos colores diciéndome que Cristiano ya no puede, que Portugal debería pasar página, que la edad es la edad. Y saben qué les digo: no tienen ni idea de lo que significa ver a ese hombre con la camiseta de Portugal.

Porque esto no va de estadísticas ni de ligas ni de velocidad de sprint. Esto va de algo que no se mide. Esto va de fe.

905 goles y todavía lo cuestionan

Novecientos cinco goles. Lean eso otra vez. No hay nadie en la historia del fútbol que haya metido más goles que Cristiano Ronaldo. Nadie. Y aun así, cada vez que se acerca un torneo grande, la misma letanía: “ya no es el de antes”, “está en Arabia”, “tiene 41 años”.

Sí, tiene 41 años. Y en esos 41 años ha ganado cinco Balones de Oro, cinco Champions League, una Eurocopa, una Nations League y ha roto todos los récords que existían. Los que no existían, los inventó para romperlos también.

¿Que la Saudi Pro League no es la Champions? Obvio que no. Pero Cristiano no necesita demostrar que puede competir al máximo nivel. Ya lo demostró durante veinte años. Lo que necesita es una última oportunidad de despedirse como merece. Y esa oportunidad se llama Mundial 2026.

El Provocador dice que debe ser suplente

He leído la opinión del Provocador y entiendo el argumento. De verdad que lo entiendo. Que Leão necesita espacio, que Ramos necesita minutos, que el equipo gira demasiado alrededor de Cristiano. Bien. Es un debate legítimo.

Pero hay algo que el Provocador no entiende porque no lo vive desde la grada: cuando Cristiano pisa el césped, el estadio cambia. La energía es distinta. Los compañeros se crecen. Los rivales dudan. Hay jugadores que hacen mejor a su equipo por lo que hacen con la pelota. Cristiano hace mejor a su equipo por lo que provoca sin tocarla.

No me pidan que sea racional con esto. Soy hincha. Y los hinchas no funcionamos con hojas de cálculo.

Esta generación no está sola

Lo que me da rabia es que hablen como si fuera Cristiano o el resto. Como si no pudieran coexistir. Portugal tiene a Bernardo Silva, que es un genio con el balón. Tiene a Bruno Fernandes, que ve pases que los demás ni imaginan. Tiene a Vitinha, que está en el mejor momento de su carrera. Tiene a Leão, que cuando arranca es imparable. Y tiene a Gonçalo Ramos, que con 25 años tiene hambre para comerse el mundo.

Portugal tiene plantilla para llegar a la final. Y si Cristiano juega 90 minutos, 60 o 30, lo que importa es que esté ahí. Que esté en el vestuario. Que los jóvenes lo vean prepararse, calentar, exigir. Que sientan lo que significa llevar la camiseta de Portugal para alguien que ha dedicado toda su vida a honrarla.

El Azteca, Miami, Nueva York… estamos listos

La hinchada portuguesa no es la más numerosa del mundo, pero es de las más fieles. Donde juega Portugal, hay banderas rojas y verdes. Hay cánticos. Hay lágrimas cuando las cosas salen mal y locura absoluta cuando salen bien.

Y en este Mundial, en suelo americano, con una comunidad portuguesa enorme en la costa este de Estados Unidos, las tribunas van a ser nuestras. Newark, Foxborough, Filadelfia — ahí hay casa. Ahí hay gente que creció viendo a Cristiano hacer lo imposible y que no va a dejar de creer ahora.

Que vengan con sus análisis y sus hot takes. Que digan que somos sentimentales, que nos dejamos llevar por la emoción, que Cristiano debería retirarse. Nosotros vamos a estar en la grada cantando hasta el último minuto del último partido.

Porque mientras Cristiano crea, nosotros creemos.

E Portugal… Portugal é sempre Portugal.


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