Vamos a dejar algo claro desde el principio: Brasil no viene a participar. Brasil viene a ganar. Siempre fue así y siempre será así. Somos el país del fútbol, el único que estuvo en todos los Mundiales, el dueño de cinco estrellas. Y queremos la sexta.
No, necesitamos la sexta.
La espina que duele desde 2002
Veinticuatro años. Veinticuatro años sin levantar la Copa del Mundo. Para cualquier otra selección, eso sería normal. Para Brasil, es una tragedia. Una vergüenza que nos carcome por dentro cada vez que vemos esas cinco estrellas en la camiseta y pensamos: deberían ser seis.
El Mineirazo de 2014 contra Alemania nos dejó cicatrices que todavía arden. Siete a uno en nuestra casa. Hay heridas que el tiempo cura. Esa no es una de ellas. Y desde entonces, cada Mundial ha sido un intento de exorcizar ese fantasma. Rusia 2018, fuera en cuartos. Qatar 2022, fuera en cuartos por penales contra Croacia.
Ya basta. La torcida no aguanta más excusas. No queremos “buen rendimiento” ni “quedamos entre los ocho mejores”. Queremos el hexa. Punto.
La nueva canarinha
Pero aquí viene lo que me devuelve la esperanza: este Brasil tiene algo distinto. No es el Brasil perdido de los últimos ciclos, esos equipos sin identidad que jugaban como si les pesara la camiseta. Este equipo sabe quién es.
Vinicius Junior ya no es una promesa — es una realidad que aterroriza defensas enteras. Rodrygo tiene ese toque de genialidad que aparece cuando más se necesita. Endrick llegó con hambre de devorarse el mundo. Y en el medio, un sector que por fin encontró equilibrio entre la garra y la magia.
La canarinha está volviendo a jugar como Brasil. Con alegría. Con descaro. Con esa cosa que solo los brasileños tienen: el jogo bonito no como filosofía, sino como instinto.
Lo que la torcida exige
No nos conformamos con cuartos de final. No nos conformamos con semifinales. La torcida brasileña es la más apasionada del mundo, pero también la más exigente. Y tiene derecho a serlo. Cuando cargas cinco estrellas en el pecho, el único resultado aceptable es agregar una más.
Sé que suena arrogante. Sé que hay diez selecciones que pueden ganar este Mundial. Pero así somos. Brasil no sabe jugar sin presión, y la presión es lo que nos hace grandes. Cada generación que viste la amarilla sabe que no juega solo por ella — juega por Pelé, por Garrincha, por Romário, por Ronaldo, por todos los que construyeron esta leyenda.
El hexa o nada
El Mundial 2026 tiene 48 equipos, más partidos, más rivales, más obstáculos. Y la torcida responde con una sola frase: que vengan todos. Cuantos más haya que derrotar, más dulce será la victoria.
Porque Brasil no le tiene miedo a nadie. Brasil respeta rivales, sí. Pero miedo, jamás. El miedo es para los que no tienen cinco estrellas mirándoles desde el escudo.
Vamos al hexa. Vamos con todo. Vamos porque somos Brasil y el fútbol es nuestro.
Y si alguien todavía tiene dudas, que pregunte en cualquier esquina de São Paulo, de Salvador, de Porto Alegre: el hexa viene.
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