Dos Mundiales consecutivos eliminados en fase de grupos. Rusia 2018, últimos del grupo. Qatar 2022, otra vez fuera antes de tiempo. Para cualquier selección sería un mal ciclo. Para Alemania, cuatro veces campeona del mundo, es una humillación.
Y la paciencia se acabó.
La vergüenza tiene límites
Todavía recuerdo Qatar. Alemania jugando contra Costa Rica, necesitando resultados de otros partidos, dependiendo de goles ajenos. La Mannschaft, la selección que siempre avanza, que siempre compite, que siempre está en las eliminatorias… mendigando un pase de ronda. Y no lo consiguió.
Ese día, algo se rompió dentro de cada hincha alemán. No fue tristeza. Fue rabia. Una rabia fría y profunda que solo sale cuando sientes que te han traicionado. Porque ser hincha de Alemania viene con un contrato implícito: tú apoyas, y la selección compite hasta el final. En Qatar, ese contrato se rompió.
La Euro 2024 en casa fue un parche. Jugamos bien, sí. El ambiente fue increíble, sí. Pero otra vez nos quedamos a las puertas, eliminados en cuartos por España. Cerca, pero no alcanza. Cerca no es suficiente para un país con cuatro estrellas.
Musiala es la esperanza
Si hay un motivo para creer en el Mundial 2026, se llama Jamal Musiala. Este chico tiene magia en los pies. Tiene esa capacidad de recibir la pelota entre cinco rivales y salir caminando como si estuviera en el parque. Tiene gol, tiene visión, tiene desparpajo.
Musiala es lo que Alemania necesitaba: un jugador que no juega con miedo. Porque el problema de Alemania en los últimos años no ha sido de talento — ha sido de actitud. Equipos que salían al campo pensando en no perder en vez de en ganar. Equipos que jugaban con los frenos puestos.
Con Musiala y Florian Wirtz juntos en ataque, Alemania tiene dos jugadores capaces de inventar algo de la nada. Y cuando esos dos conectan, el fútbol alemán vuelve a ser lo que siempre fue: eficiente, letal y aterrador.
La mentalidad del tanque
Alemania tiene un ADN futbolístico que no se puede ignorar. Cuatro Mundiales ganados. Trece semifinales. Un historial que dice que, cuando importa, los alemanes aparecen. Eso no se borra por dos malos torneos.
Pero hay que activarlo. Hay que dejar de jugar con miedo y recuperar esa mentalidad de tanque que definió al fútbol alemán durante décadas. La mentalidad de “nos pueden meter tres goles, pero nosotros vamos a meter cuatro”. La mentalidad del 7-1 contra Brasil, del gol de Götze en la final de 2014, de todas esas remontadas imposibles que solo Alemania sabe hacer.
El Mundial 2026 no es una oportunidad. Es una obligación. Si Alemania vuelve a caer en fase de grupos, ya no será un accidente. Será una crisis estructural. Y la hinchada no está dispuesta a aceptar eso.
Lo que viene
Nos quedan dos meses para soñar. Dos meses para convencernos de que esta vez será distinto. Y saben qué, voy a hacerlo. Voy a creer. Porque ser hincha alemán es exactamente eso: confiar en que la máquina siempre arranca, aunque a veces necesite unos minutos más.
Alemania no pide permiso para ganar Mundiales. Alemania avisa.
Y en 2026, el aviso ya está dado.
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