Abre cualquier casa de apuestas y Francia está entre las tres favoritas al Mundial 2026. Subcampeona en 2022, campeona en 2018, semifinalista perpetua. El consenso dice que Les Bleus son candidatos automáticos. El consenso está equivocado.

Francia no va a ganar el Mundial 2026. Y probablemente no llegue ni a semifinales. Este es el caso.

La dependencia Mbappé es un problema, no una ventaja

Kylian Mbappé es uno de los mejores jugadores del planeta. Nadie lo discute. Lo que se discute es si un equipo construido alrededor de un solo jugador puede ganar siete partidos seguidos en un torneo de esta magnitud.

En el Real Madrid, Mbappé ha rendido por debajo de las expectativas. Su primera temporada en el Bernabéu expuso algo que en el PSG se camuflaba con goles en la Ligue 1: cuando el sistema no gira exclusivamente alrededor de él, Mbappé se desconecta. Los movimientos sin balón se reducen. La presión defensiva desaparece. El genio aparece en destellos, no en continuidad.

En la selección, el problema se multiplica. Deschamps — o quien sea el técnico en junio — tiene que elegir: ¿construyo el equipo para que Mbappé brille, o construyo el mejor equipo posible? En 2018, eligió lo segundo y ganó. En 2022, Mbappé los llevó a la final casi solo, pero perdieron. La lección debería ser obvia.

El mediocampo ya no da miedo

Kanté tiene 35 años y juega en Arabia Saudí. Pogba lleva años siendo un misterio envuelto en una decepción. Tchouaméni es bueno, pero no es el motor que Francia necesita. Camavinga tiene talento, pero su irregularidad es frustrante.

Compara ese mediocampo con el de España — Pedri, Gavi, Rodri — o con el de Alemania — Wirtz, Musiala, Kimmich. Francia tiene el mediocampo más sobrevalorado de las favoritas. Viven del nombre, no de la realidad actual.

La maldición del bicampeonato

Solo dos selecciones han ganado dos Mundiales consecutivos: Italia (1934-1938) y Brasil (1958-1962). Desde entonces, nadie lo ha logrado. Brasil no pudo en 2006. España no pudo en 2014. Alemania no pudo en 2018. Francia no pudo en 2022 — llegaron a la final y perdieron en penales.

Hay algo en la defensa del título que pesa más que cualquier plantilla. La motivación no es la misma. El hambre se diluye. Los rivales te estudian con lupa. Francia en 2026 será el equipo que todos quieren eliminar, y esa presión adicional, en un formato expandido con más partidos y más desgaste, es un lastre que no aparece en las estadísticas.

Deschamps (o su sombra) y el conservadurismo crónico

Si Deschamps sigue, Francia jugará igual que siempre: bloque bajo, transiciones rápidas, depender del talento individual en los últimos 30 metros. Funcionó en 2018. Fue insuficiente en la Eurocopa 2024, donde cayeron en semifinales ante España jugando el fútbol más aburrido del torneo.

Si hay un nuevo técnico, llega a un Mundial con meses de trabajo. Zidane, Blanc, quien sea — preparar un equipo para un Mundial de 48 selecciones con cuatro o cinco amistosos previos es una receta para la improvisación.

El contraargumento (y por qué no alcanza)

“Pero Francia tiene a Mbappé, Dembélé, Thuram, Saliba, Upamecano…” Sí. La plantilla es impresionante sobre el papel. Pero las plantillas no ganan Mundiales — los equipos sí. Y Francia no ha jugado como equipo desde 2018.

En la Eurocopa 2024, Francia avanzó a base de autogoles rivales y penales. Marcaron un gol de jugada en todo el torneo. Uno. La selección con más talento ofensivo de Europa fue incapaz de generar fútbol. Eso no se arregla con un par de amistosos en mayo.

Argentina tiene a Messi como líder espiritual y un bloque que se conoce de memoria. España tiene un proyecto táctico definido. Brasil tiene hambre de redención. Francia tiene talento suelto y la arrogancia de creerse favorita por defecto.

Guarda este artículo para julio. Cuando Francia caiga en cuartos contra una selección sudamericana que corre más y quiere más, recuerda quién te lo dijo primero.

Toda la información del torneo en el hub del Mundial 2026 y consulta las selecciones clasificadas.

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