Brasil no gana un Mundial desde 2002. Veinticuatro años. Casi un cuarto de siglo. La selección más ganadora de la historia lleva cinco Mundiales consecutivos sin levantar el trofeo, y cada cuatro años la historia se repite: “esta es la generación que rompe la maldición”. No lo es. Y en 2026 tampoco lo será.
El talento existe. El equipo no.
Vinicius Jr. es candidato permanente al Balón de Oro. Rodrygo brilla en el Real Madrid. Endrick tiene un potencial descomunal. La Premier League está llena de brasileños de élite. Sobre el papel, Brasil tiene más talento individual que casi cualquier selección del mundo. El problema es que un Mundial no se gana sobre el papel.
Desde la era Tite — que terminó en la vergüenza de cuartos de final en Qatar 2022 contra Croacia — Brasil no ha encontrado un sistema. Dorival Junior heredó una selección fracturada, con egos inflados, sin identidad táctica clara y con la presión de un país que considera el hexacampeonato una deuda pendiente.
¿Cuál es el estilo de este Brasil? No lo sabe ni Dorival. ¿Presión alta como en los buenos tiempos? No tienen mediocampistas que aguanten. ¿Posesión elaborada? No tienen un armador de nivel Xavi o Kroos. ¿Contragolpe con Vinicius? Es plan A, B y C, y cuando Vinicius no está en noche inspirada, no hay plan D.
La defensa: el talón de Aquiles crónico
Los grandes Brasil del pasado — 1970, 1994, 2002 — tenían defensas sólidas. Aldair y Cafu. Lúcio y Roberto Carlos. La defensa actual de Brasil es un misterio sin resolver. Marquinhos tiene 32 años y ya no es el central dominante del PSG. Militão alterna lesiones graves con actuaciones irregulares. Los laterales son una lotería.
Brasil va a recibir goles. En las eliminatorias sudamericanas ya lo vimos: derrotas ante Argentina, empates angustiosos contra rivales menores, y una fragilidad defensiva que en un Mundial se paga carísimo. Cuando enfrentas a un Francia o un Alemania en cuartos de final, un error defensivo es la eliminación.
La CBF: una federación en crisis permanente
Esto no se dice lo suficiente: la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) es un desastre organizacional. Escándalos de corrupción, cambios de técnico motivados por política interna, falta de planificación a largo plazo. Mientras España y Alemania invierten en infraestructura de cantera y proyectos tácticos de largo plazo, Brasil cambia de seleccionador como quien cambia de camisa.
Dorival es el tercer técnico de este ciclo mundialista. ¿Cuánto tiempo ha tenido para construir un equipo? Insuficiente. ¿Cuánta autonomía tiene frente a la presión de la CBF para convocar a nombres comerciales sobre jugadores funcionales? Poca.
La presión del hexa: un peso que aplasta
En ningún otro país del mundo la selección carga con la expectativa que carga Brasil. Cada Mundial es “el año del hexa”. Cada eliminación es una tragedia nacional. Esa presión, que en 2002 sirvió como combustible, se ha convertido en un lastre.
Los jugadores brasileños llegan al Mundial con más presión mediática que cualquier otra selección. El Mineirazo del 7-1 en 2014 dejó una cicatriz que no ha sanado. Cada vez que Brasil pierde un partido importante, el fantasma del 7-1 aparece. Esa fragilidad mental — reforzada por cuatro eliminaciones consecutivas que no superan cuartos de final — no se cura con una charla motivacional.
El contraargumento: “Pero tienen a Vinicius”
Sí. Y Francia tenía a Mbappé en 2024 y cayó en semifinales de la Eurocopa. Tener al mejor jugador del mundo no garantiza nada si el equipo no funciona como unidad. Vinicius es devastador en el Real Madrid porque tiene a Bellingham, Modric y un sistema que lo potencia. En Brasil, tiene que crear desde la nada, contra rivales que ponen dos o tres hombres a marcarlo.
Un jugador no gana un Mundial. Un equipo sí. Y Brasil, a día de hoy, tiene jugadores pero no tiene equipo.
Mi pronóstico: Brasil pasa la fase de grupos con más sufrimiento del esperado, genera ilusión con alguna victoria brillante de Vinicius, y cae en cuartos de final — otra vez — contra una selección europea bien organizada que explota su debilidad defensiva. El hexa tendrá que esperar a 2030.
Para entender cómo Dorival intenta armar el rompecabezas, lee el análisis táctico de Brasil. Descubre quién creemos que es el dark horse del torneo. Más contenido en el hub del Mundial 2026.